
El lunes, aburrido como casi todos los lunes de mi vida me preparaba una vez más para irme a la escuela. No recuerdo que es lo que hice antes de subirme a la cuca, probablemente me duche o desayune; en realidad lo hice para matar el tiempo, deseando que algo inesperado sucediera, a fin de que no pudiera ir a la escuela, pero nada pasó. Así que cabizbajo y abochornado me subí a la quiebra espaldas color naranja podrida.
Un poquito de suerte me acompañaba aun y me concedió un lugar con ventanilla y me senté. Iba observando el paisaje, no había cambiado mucho desde la última vez. Solo había un poco mas de verde y comenzaban a brotar flores amarillas y naranjas, eso me recordó de inmediato que está próxima la celebración de día de muertos y no pude evitar emocionarme.
Mas adelante la cuca se detuvo como de costumbre en el crucero para que mas pasajeros pudieran abordarla; mientras tanto miraba de reojo a una señorita, que vestía un uniforme gris sentada en una silla de plástico azul, se reía mucho con otra chica que apareció de repente de algo que había visto, y eso me incomodaba porque estaba usando un nuevo peinado y probablemente era la causa de su frívola felicidad y tratando de pensar en otra cosa comencé a recordar que la conocía, que la había visto algunas veces en el pueblo, que no sabia su nombre y que si no me tomaba las pastillas me iba a enfermarme, fue entonces cuando retomamos nuestro camino y olvide aquella escena.
El calor era agobiante y luchaba una encarnizaba batalla contra el y Morfeo; mi única aliada era una campanita de un carrito bonaisero que me salvaba cada que estaba a punto de doblar la cabeza. Entonces decidí comprar un bonais para aniquilar de una buena vez a mis enemigos.
Muchos hubieran pensado que aquella muchacha era fea y otros pocos desdichada.
Su atuendo era de lo mas risible, pero comprendí que tenia que usarlo, así que me limite a escuchar sus palaras y encontré su belleza escondía de ellas.
-Reciclo botellas- le oí decir, en una charla que sostenía con el operador.
Reciclar sin duda es un acto de admiración y digno de imitarse a diferencia de los de al lado que iban arrojando basura por la ventana.
-Hay que salvar al planeta- le oí decir en la misma charla.
Y pensé que era necesario que todos lo hiciéramos.
Y lo repetí tontamente en mi mente “hay que salvar al planeta” y me vino un recuerdo de aquel eslogan noventero bordado y estampado en chamarras y camisetas de una compañía que se dedicaba a la venta de café o a los conciertos de rock.
Cuando ella se bajo de la cuca la mire casi de frente por uno o dos segundos y ella me miro también y note cierto aire de melancolía en sus ojos, cosa que agrado en lo absoluto.
Todo el resto del camino fui pensando en ella, en sus palabras, en su traje de colores, en mi desdicha sentimental, en salvar al planeta y por supuesto que olvide tomarme las pastillas.
Un poquito de suerte me acompañaba aun y me concedió un lugar con ventanilla y me senté. Iba observando el paisaje, no había cambiado mucho desde la última vez. Solo había un poco mas de verde y comenzaban a brotar flores amarillas y naranjas, eso me recordó de inmediato que está próxima la celebración de día de muertos y no pude evitar emocionarme.
Mas adelante la cuca se detuvo como de costumbre en el crucero para que mas pasajeros pudieran abordarla; mientras tanto miraba de reojo a una señorita, que vestía un uniforme gris sentada en una silla de plástico azul, se reía mucho con otra chica que apareció de repente de algo que había visto, y eso me incomodaba porque estaba usando un nuevo peinado y probablemente era la causa de su frívola felicidad y tratando de pensar en otra cosa comencé a recordar que la conocía, que la había visto algunas veces en el pueblo, que no sabia su nombre y que si no me tomaba las pastillas me iba a enfermarme, fue entonces cuando retomamos nuestro camino y olvide aquella escena.
El calor era agobiante y luchaba una encarnizaba batalla contra el y Morfeo; mi única aliada era una campanita de un carrito bonaisero que me salvaba cada que estaba a punto de doblar la cabeza. Entonces decidí comprar un bonais para aniquilar de una buena vez a mis enemigos.
Muchos hubieran pensado que aquella muchacha era fea y otros pocos desdichada.
Su atuendo era de lo mas risible, pero comprendí que tenia que usarlo, así que me limite a escuchar sus palaras y encontré su belleza escondía de ellas.
-Reciclo botellas- le oí decir, en una charla que sostenía con el operador.
Reciclar sin duda es un acto de admiración y digno de imitarse a diferencia de los de al lado que iban arrojando basura por la ventana.
-Hay que salvar al planeta- le oí decir en la misma charla.
Y pensé que era necesario que todos lo hiciéramos.
Y lo repetí tontamente en mi mente “hay que salvar al planeta” y me vino un recuerdo de aquel eslogan noventero bordado y estampado en chamarras y camisetas de una compañía que se dedicaba a la venta de café o a los conciertos de rock.
Cuando ella se bajo de la cuca la mire casi de frente por uno o dos segundos y ella me miro también y note cierto aire de melancolía en sus ojos, cosa que agrado en lo absoluto.
Todo el resto del camino fui pensando en ella, en sus palabras, en su traje de colores, en mi desdicha sentimental, en salvar al planeta y por supuesto que olvide tomarme las pastillas.



